Experimenta: ¿No te parece que sería bueno que hubiera un contenedor donde pudieras depositar toda ia basura que tus malas acciones y desobediencia producen?¿Qué depositarías ahora mismo?
En la esquina de la calle donde Pedro vive, colocaron dos grandes contenedores para reciclar plástico y latas de aluminio. Muy pronto se llenaron y el camión los recogió. Reciclar plástico y latas de aluminio es una buena idea porque, aunque son basura, están hechos de materiales que se pueden reutilizar.
Son transportados a un lugar donde los seleccionan y empaquetan, para luego enviarlos a una empresa que cuenta con las máquinas necesarias para reciclarlos; hacen más objetos de plástico y aluminio con lo que nosotros desechamos.
Cuando Pedro vio que se llevaban los contenedores de basura recordó lo que había hecho esa mañana; se había portado realmente mal. Las palabras que le dijo a su mamá y el tono de voz que usó lo perseguían. En ese momento, deseó con todas sus fuerzas que hubieran puesto un contenedor donde pudiera poner sus malas acciones y se las llevaran, para luego convertirlas en algo bueno. Sintió profunda tristeza por su comportamiento. Su mamá, que lo veía a lo lejos y pensaba lo mismo, se acercó a él y le dijo:
-Pedro, cuánto lamento lo que pasó esta mañana. Desearía que un camión como ese se llevara todo lo que me dijiste y lo que yo te dije, porque todo es basura.
Ese “contenedor” existe a los pies de Cristo Jesús. Puedes utilizarlo cada vez que te equivoques. Deposita ahí lo que has hecho; cuéntale la verdad. Te perdonará; sabrá qué hacer con esa basura.
Recuerda que Jesús no solamente recibe basura; también te recibe cuando te portas bien. Eso lo considera una ofrenda. Ve ante sus pies, lleva la basura, pero también tus ofrendas.
“Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había pasado, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad” (Marcos 5:33).








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