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Sábado 13 de febrero 2016 | Devoción Matutina para Menores 2016 | Dios en las sombras



By  Yosmar R.     1:00:00 a.m.     
Envió un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por siervo. Salmo 105:17.

Colocar a José en un pozo fue idea de Rubén. Como era el mayor, sentía cierta responsabilidad en proteger a su hermano menor de ser dañado. Tenía la intención de regresar secretamente y dejarlo salir cuando los otros se hubieran ido. Con José gritando desde el fondo del pozo, era difícil esconder sus sentimientos reales, así que se excusó y se fue a hacer un mandado fingido.

No obstante, mientras Rubén estaba fuera, tuvo lugar un acontecimiento que iba a cambiar para siempre la vida de toda la familia. Apareció una caravana de mercaderes ismaelitas que iban a Egipto, y su sola presencia les dio una idea a los hermanos. “Vendámoslo como esclavo”, propuso Judá.

Rápidamente, los hermanos arrancaron a José del pozo y lo entregaron a los mercaderes por dinero. “Cuando vio a los mercaderes, José comprendió la terrible verdad. Llegar a ser esclavo era una suerte más temible que la misma muerte” (Patriarcas y profetas, p. 212).

“No van a venderme, ¿o sí?”, jadeó José.

El terror se apoderó del muchacho y, mirando a los ojos de cada uno de sus hermanos, suplicó con llanto: “Simeón… Leví… Judá… Zabulón… Isacar… Dan… Gad… Aser… Neftalí… por favor, ¿ninguno me va a ayudar?”

Algunos de los hermanos tuvieron pena de José y quisieron ayudarlo, pero cada uno mantuvo silencio por temor a que el resto se burlara de él por ser débil. El silencio no siempre es oro: a veces, es solo puro amarillo.

Mientras los mercaderes hacían lentamente su camino hacia el sur, José pudo ver a la distancia las colinas de su hogar. Pensó en su padre, anciano y solitario, y lloró amargamente. Trajo a su memoria la terrible escena en Dotán, solo unas pocas horas antes, cuando sus hermanos habían dicho cosas tan hirientes y ofensivas sobre él, y habían querido matarlo en el lugar. “Con el corazón palpitante, pensaba en qué le reservaría el porvenir. ¡Qué cambio de condición! ¡De hijo tiernamente querido, había pasado a ser esclavo menospreciado y desamparado! Solo y sin amigos, ¿cuál sería su suerte en la extraña tierra a donde iba? Durante algún tiempo, José se entregó al terror y al dolor sin poder dominarse” (Patriarcas y profetas, p. 214).

Pero Dios, en su sabiduría, estaba arreglando las cosas para el futuro. No se había olvidado de José.

Publicado por: Yosmar R.

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